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En 2013 se aprobó en Argentina la Ley 26899 de  Creación de Repositorios Digitales Institucionales de Acceso Abierto, Propios o Compartidos que establece la obligatoriedad de publicar en acceso abierto toda la producción científica financiada con fondos públicos. La ley de repositorios digitales  permite crear nuevos canales de distribución y acceso al conocimiento científico. Esta iniciativa se suma además en la creación de una serie de instituciones que promueven el acceso abierto a nivel regional y que culminan con la aprobación de una ley similar en Perú y la posibilidad de obtener una legislación similar en Brasil y Venezuela. En términos generales se sostiene que los repositorios digitales generan un acceso más democrático al conocimiento científico, facilitan la colaboración entre los científicos y el público, y  -en el caso de los repositorios de datos- permiten la reutilización de la investigación, creando nuevos usos potenciales para los mismos  experimentos.

Los  repositorios, sin embargo, enfrentan resistencias dentro y fuera de la comunidad académica. Por un lado, la cultura de evaluación del desempeño científico promueve  la publicación en revistas internacionales cuyas editoriales presionan por lucrar con la política de libre acceso y por otro lado las políticas tecnológicas  en el mundo  y en el país privilegian la comercialización y por ende la privatización  del conocimiento científico más que su apertura

Esta situación genera preguntas sobre cómo será la reglamentación de la ley en Argentina y más en general sobre cuál es el verdadero potencial de los repositorios abiertos y cómo pueden promoverse  en la región. En este sentido, algunas preguntas que surgen para el debate serían:

¿Cuál es el propósito de los repositorios digitales? ¿Además de ser herramientas  para la difusión de conocimiento científico, hasta qué punto pueden constituirse también en herramientas de democratización de la ciencia y la tecnología?

¿Cuáles son los obstáculos para la implementación de repositorios digitales abiertos en la región? ¿Qué prácticas de la comunidad científica deberían cambiar (y cómo) para potenciar su utilidad?