¿Cuál es el rol del individuo frente a los desafíos y posibilidades de la producción abierta y colaborativa, característica de la denominada economía de la información en red? ¿Es este tipo de producción capaz de motorizar un desarrollo social y sostenible a nivel mundial?

Esas son algunas de las preguntas que intenta responder el profesor de derecho empresarial Yochai Benkler en su libro “The Wealth of Networks: How social production transforms markets and freedom” (La Riqueza de las Redes: Cómo la produThe_Wealth_of_Networks_Book_covercción social transforma los mercados y la libertad) (2005).

El autor argumenta que los cambios recientes en las tecnologías y en las prácticas sociales han fomentado una producción no comercial y no propietaria, tanto por las acciones individuales como colectivas que se realizan en una amplia variedad de colaboraciones de mayor o menor envergadura, y considera que vivimos un nuevo entorno de información en el que el individuo es libre de asumir un papel más activo que el que podía tener en la economía de información industrial. Es en este contexto en el que se sitúan las posibilidades y desafíos de la producción abierta y colaborativa.

Según Benkler, la nueva autonomía individual tiene la capacidad de convertirse en una plataforma para mejorar la participación democrática y fomentar una cultura más auto-reflexiva y crítica. La pregunta es, si en el contexto de una economía que se basa cada vez más en la información, la producción abierta y colaborativa puede realmente ser el motor para el desarrollo social y sostenible a nivel mundial.

La economía de la información en red

Los cambios que han ocurrido en las económicas más avanzadas y que han producido el surgimiento de la economía de la información en red son variados. Por un lado, se nota una reorientación hacia una economía basada en la producción informacional (servicios financieros, software y ciencia) y cultural (películas y música) y en la manipulación de símbolos (desarrollo de marcas). Esto implica que el papel cada vez más importante de la producción no comercial podría surgir en el centro de las economías más avanzadas.

Por otro lado, también hay un movimiento hacia un entorno de comunicación que se basa en procesos económicos con altas capacidades de computación interconectadas en Internet, una red global y disponible para la mayoría de la población en todo el mundo. Este cambio significa que la producción no comercial juega un papel cada vez más importante en el sector de la producción de la información y de la cultura.

En consecuencia, lo que caracteriza la economía de la información en red es el hecho de que la acción individual y descentralizada -especialmente, la nueva actividad cooperativa y coordinada, realizada por mecanismos no comerciales y radicalmente distribuidos que no se basan en estrategias propietarias– desempeña una función mayor que la que tenía o pudo haber tenido en una economía de la información industrial.

Según la argumentación del autor, el resultado de estos movimientos es un nuevo modo de producción desarrollado por individuos que interactúan como seres humanos y sociales -y no solamente como actores del mercado- con un sector no-mercantil creciente basado en internet, que genera información, conocimiento y cultura, y que se aplica a todo lo que los individuos interconectados se pueden imaginar.

Con referencia a este último sector, Benkler destaca que sus productos no son tratados como propiedad exclusiva sino que están sujetos a la ética del intercambio abierto, inclusivo para quienes quieran crear, extender y construir.

Libertad aumentada

En la primera parte del libro, Benkler afirma que este nuevo modo de producción no solamente apunta al surgimiento de un nuevo entorno de información – la de economía de la información en red – sino también a una mejora de la autonomía individual: esta libertad aumentada permite a los seres humanos cooperar y actuar en formas que adelantan la democracia, la equidad y el desarrollo global.

Según el autor, esto es así ya que la economía de la información en red mejora la capacidad de los individuos de realizar más por sí mismos. Por ejemplo: pueden buscar la información que necesitan sin depender de los medios comerciales de comunicación, así como producir sus propias expresiones sin el requisito de tener acceso a los recursos capitales ni materiales de una institución establecida de los medios. Del mismo modo, la nueva economía aumenta la capacidad individual de colaborar más con otros individuos, sin estar obligado a organizarse a través de un sistema de precios o modelos jerárquicos convencionales de la organización social y económica.

En comparación con los medios tradicionales de comunicación, Benkler declara que la economía de la información en red ofrece diversas plataformas alternativas que le permiten a cualquier persona, en cualquier lugar, no solamente observar lo que está pesando a su alrededor sino también comprometerse con el debate público y político. Así, estaríamos asistiendo al surgimiento de nuevas plataformas que contraponen el poder concentrado de los medios convencionales y asumen, de un modo descentralizado, la función de “watchdog” o guardianes de los medios.

Esta economía de la información también promete un sistema de producción cultural más atractivo, puesto que genera una cultura más transparente y maleable que la economía de la información industrial. En otras palabras: amplifica la capacidad de los individuos de participar en la producción cultural y en el discurso, porque suma al sistema mercantil y centralizado un nuevo modo de producción cooperativa, descentralizadalo y no-comercial. En consecuencia, para Benkler nos encontramos en las vísperas del surgimiento de una nueva cultura popular en la que más gente participa en movimientos culturales y encuentra significados en el mundo que los rodea, lo que les permite ser mejores lectores y, al mismo tiempo, autores de su propia cultura, más democrática, auto-reflexiva y participativa.

Por otro lado, el autor aclara que si bien la economía de información en red no puede resolver el hambre y las enfermedades mundiales, su aparición abre vías alternativas para abordar y construir algunos requisitos básicos para la equidad y del desarrollo humano. A medida que la economía de la información en red, con sus nuevas formas de producir información, no trata sus productos como propiedad exclusiva sino que los pone a libre disposición, sin barreas materiales de acceso, ofrece modestas pero significativas oportunidades para mejorar la equidad y el desarrollo humano en todas partes.

Considerando la importancia de la información y del conocimiento para el bienestar y el crecimiento, Benkler nota que en los sectores esenciales para el desarrollo humano (educación, agricultura o medicina) aparecen iniciativas nuevas que apuntan a un nuevo ecosistema de innovación, que incluyen a las organizaciones sin fines de lucro y a las instituciones científicas y que tienen como objeto experimentar con la producción entre pares, haciendo posible el avance del desarrollo humano, a través de los esfuerzos cooperativos..

En síntesis, “La riqueza de las redes” resalta el movimiento hacia un nuevo modo de producción – el de la producción colaborativa y abierta – en el contexto general del desarrollo de la humanidad y de la democracia de la sociedad.

Batalla en el mundo digital

En la última parte, el autor se concentra en lo que necesita cambiar – sobre todo en la ecología institucional del entorno digital – para que este nuevo modo de producción siga transformando la economía, la política y la sociedad en beneficio de toda la humanidad. En la sección sobre “La batalla sobre la ecología institucional del entorno”, Benkler afirma que (a pesar de las beneficios de la nueva economía de la información en red) nos encontramos en medio de una batalla sobre qué forma va a adquirir la ecología institucional del entorno digital. En este contexto, el surgimiento de la producción no mercantil, individual y cooperativa comienza a amenazar a los titulares de la economía industrial de la información, que presionan por conservar sus posiciones. Esto se manifiesta en el campo de la propiedad intelectual, por ejemplo, con la proliferación de nuevos derechos que incrementan la protección de la propiedad exclusiva frente de la común.

La propiedad es un componente institucional de los mercados y de las sociedades libres: la propiedad le permite al vendedor poner un precio para sus compradores, y al comprador, saber que cuando paga se asegura de su capacidad de usar lo que ha comprado. Pero las reglas de propiedad, sobre todo en el campo de propiedad intelectual, también limitan la acción, porque restringen lo que una persona u otra pueden hacer con un recurso: es decir, usarlo de una u otra manera, revelar u ocultar información con respecto a él.

Estas limitaciones son necesarias para negociar entre personas o a través de los mercados, y no a través de la fuerza o de las redes sociales, pero lo hacen a costa de restringir la acción fuera del mercado, ya que dependen del acceso al recurso. Por eso, Benkler contrapone a la propiedad exclusiva, los derechos comunes como un componente institucional central de la libertad de la acción en las sociedades libres.

“La cuestión central” con respeto a la ecología del entorno digital “es, si habrá o no habrá una infraestructura básica y compartida, que se rige en común y por lo tanto es accesible para cualquier persona que desee participar en el entorno de la información de la red, fuera del marco propietario basado en el mercado”.

Dadas las condiciones materiales que han permitido el surgimiento de la acción no-mercantil, la existencia y el alcance de una infraestructura de bienes comunes que incluya los recursos básicos necesarios para intercambiar y producir información determinará el grado en que los individuos puedan actuar en forma autónoma.

El resultado de la batalla entre propiedad exclusiva y licencias abiertas tiene un efecto significativo en nuestra capacidad de saber lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, así como en qué medida y de qué formas seremos capaces, en tanto individuos autónomos, ciudadanos y participantes en nuestras culturas, de afectar el modo en que percibimos el mundo tal como es y puede ser.

Etapa de transformación

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foto con licencia CC. jeanbaptisteparis

En resumen, el libro “La riqueza de la red” argumenta que estamos en el medio de una etapa de transformación organizacional, económica y tecnológica que nos permite re-negociar los términos de libertad, productividad y equidad de una sociedad de información, cuyo resultado depende de las decisiones políticas que estamos tomando.

“Como política económica, permitir que los ganadores de ayer dicten los términos de la competencia económica de mañana sería desastroso. Como política social, la falta de una oportunidad para enriquecer la democracia, la libertad y la equidad en nuestra sociedad, mientras se mantiene o incrementa la productividad, sería imperdonable”, escribe el autor.

Con “La Riqueza de las Redes”, Benkler ofrece una presentación ilustrativa y panorámica (aunque a veces repetitiva), llena de descripciones y ejemplos, con estudios de casos y muchas explicaciones del movimiento hacia una economía de la información en red, con un lenguaje accesible que dirige el lector a través de los cambios recientes de la tecnología, de la producción económica y de la practicas sociales.

Lo que se destaca en esta obra es la pasión con la que Benkler nos presenta las oportunidades de estos cambios recientes para la libertad, la equidad y el desarrollo de la humanidad. No obstante, parece que es esa misma pasión la que le hace perder de vista las fricciones y los riesgos que estos cambios también provocan en el ámbito económico, político, social y cultural.