¿Puede la
eliminación de las retenciones a la minería ayudar a promover el
desarrollo local? Esta medida no parece haber estado asociada a una
estrategia de desarrollo sino a la posibilidad de generar ingresos
de dólares por inversiones. He aquí las reflexiones de Anabel Marín
sobre el caso del litio, publicadas en el diario Página/12.

 

AnabelPagina2

DOMINGO, 3 DE ABRIL DE 2016

RECURSOS NATURALES Y CRECIMIENTO

Maldición para el desarrollo

La eliminación de las retenciones a la minería no
estuvo asociada a una estrategia de desarrollo. Fue aplicada con la
única expectativa de generar ingresos de dólares por inversiones. El
caso del litio.

 Por Anabel Marin *

El reciente anuncio del gobierno sobre la eliminación
de las retenciones a la minería generó intensos debates y controversias
sobre la inteligencia de la medida. Interesantemente, ya se esta
empezando a ver algunos de los efectos de corto plazo provocados por
esta resolución, que dan más elementos para enriquecer el debate. Por
caso, el litio.

Argentina contiene generosas reservas de litio que empezaron a ser
explotadas durante el anterior gobierno, en su mayoría por empresas
extranjeras. La actitud de mayor apertura económica del actual gobierno,
sumada a la quita de las retenciones al sector, parecen haber aumentado
significativamente el interés por el acceso a este recurso, por parte
de una multiplicidad de empresas extranjeras que se pelean por invertir
en el país.

El interés es tan grande dado que este mineral es un insumo clave
para el desarrollo de baterías, esenciales para productos electrónicos
de consumo masivo como teléfonos celulares, computadoras móviles y los
promisorios automóviles que funcionan con electricidad. Las empresas
prometen traer inversiones y divisas, que son vistas como una bendición
para el gobierno nacional y los de las provincias de Salta, Jujuy y
Catamarca. ¿Sin embargo, ese aumento en el interés es una buena señal
per se? ¿Deberíamos estar contentos por eso? Creo que no. Por el
contrario, debería preocupar. A menos que el gobierno empiece a dar
señales bien claras de una estrategia de desarrollo y de una política
dirigida al sector, cosa que no se ha visto.

En la literatura económica y de desarrollo, las actividades de
recursos naturales suelen ser consideradas una maldición para el
crecimiento y el desarrollo, debido a la volatilidad de sus precios, el
limitado crecimiento de su demanda, el tipo de Estado que generan
(rentista) y el escaso potencial que albergan para el progreso técnico y
para generar encadenamientos con otros sectores. También se las
cuestiona en relación a los problemas y riesgos ambientales que tienen
asociadas, que en muchos casos son irreversibles y no puedan
compensarse.

Algunas de estas ideas han sido cuestionados recientemente con el
argumento de que varios países han podido revertir los efectos negativos
de la especialización inicial en recursos naturales (por ejemplo,
Estados Unidos, Canadá, Australia y Noruega) y que existen nuevas
oportunidades para el crecimiento en asociación a los recursos debido a
los cambios significativos de demanda y tecnológicos que están
ocurriendo, como los avances en tecnologías de información y en
genética, que están incentivando una mayor innovación en estas
actividades.

Estas nuevas visiones más optimistas, sin embargo, no descartan los
posibles efectos negativos sino que argumentan que éstos deben
enfrentarse con políticas activas específicamente dirigidas a
controlarlos y sacar provecho de las actividades vinculadas a los
recursos naturales, más allá de la generación de inversión, empleo,
rentas y divisas. ¿Cómo? Utilizándolos para incentivar la
diversificación productiva a través del desarrollo de proveedores
especializados, por ejemplo. Además, la necesidad de que las comunidades
locales se involucren en el diseño y administración de estas políticas,
se ha vuelto una necesidad cada vez más evidente.

Aún dentro de estas perspectivas más positivas acerca del potencial
de los recursos para incentivar el desarrollo, está claro que no hay
crecimiento sin innovación y diversificación productiva, y que no hay
desarrollo sin inclusión económica y en la toma de decisiones. Tampoco
se discute el rol central del Estado y de las políticas públicas en
estos procesos. Lo que se debate, es el contenido de las intervenciones
de política.

Por todo esto, llama la atención la falta de respuesta del gobierno
frente a los cuestionamientos que se hicieron a la quita de retenciones y
el énfasis que pone únicamente en los potenciales efectos positivos de
la medida, sobre variables de corto plazo como la inversión, el empleo y
las divisas, ignorando los potenciales efectos negativos (más allá de
un tibio reconocimiento de posibles problemas ambientales que pretende
ser abordado con nuevas reparticiones del Estado), sin mencionar la
estrategia de desarrollo que se está proponiendo asociada a la mayor
explotación de nuestros recursos.

Pareciera que se espera que no haya otra política que la de dejar
hacer al mercado; que los efectos negativos puedan contrarrestarse
fácilmente, con instituciones paralelas y, que el aumento en la
inversión genere efectos ventajosos sobre el desarrollo local,
automáticamente, cuando se sabe que esto no es así en la mayoría de los
casos, y muchos menos en el de la inversión en extracción de recursos
naturales, adonde los efectos negativos pueden ser más importantes que
los positivos.

Esto es una falta absoluta de inteligencia estratégica, teniendo en
cuenta además la posición privilegiada en la que se encuentra la
Argentina para negociar condiciones favorables para el desarrollo local,
puesto que tiene la cuarta reserva más importante de litio en el mundo y
es el único país de la región que está permitiendo su explotación a
empresas extranjeras (Bolivia y Chile no están dando nuevas
concesiones). Además, sus reservas son cruciales para las crecientes
necesidades de abastecimiento del mercado mundial. Tanto que, por
ejemplo, la Secretaria de Minería estimó que, con la extracción de litio
de Argentina se podría abastecer el consumo de este mineral en los
próximos cuatro años de un país como Japón.

Estas condiciones permitirían negociar, con las empresas que vengan a
establecer operaciones en el país, cuestiones centrales para el
desarrollo local. Por ejemplo: políticas de contenido local -que aún un
país como Chile, de tradición más liberal que la nuestra, está
discutiendo con sus empresas multinacionales-; alianzas estratégicas con
socios nacionales que les garanticen el acceso a las nuevas tecnologías
de extracción, tales como las que usaron muchos de los países asiáticos
para permitir la entrada de empresas multinacionales asociadas a la
manufactura en su etapa de despegue; políticas de desarrollo de
proveedores y de incentivo a la innovación, al estilo de las se usaron
en el caso australiano y derivaron en el desarrollo de una industria de
proveedores de tecnologías de la información para la minería de clase
mundial; y por último, pero no por eso menos importante, condiciones
relacionadas al manejo ambiental y de involucramiento de las comunidades
en los diferentes procesos, como lo están discutiendo hasta en países
como Perú, muchos más dependientes de la minería, para la autorización
de nuevas operaciones.

Por el contrario, todo indica que a cambio de un poco de “cash”, se
va a desaprovechar nuevamente una oportunidad histórica de hacer las
cosas diferentes. A riesgo incluso de una guerra fiscal entre las
provincias que puede erosionar las razones mismas por las que este
gobierno intenta incentivar actividad: la generación de rentas locales.

Esto sucede cuando se hace política económica y de desarrollo
utilizando las recomendaciones de los manuales de economía básica e
ignorando las experiencias previas y la complejidad de los fenómenos
económicos y tecnológicos.

El anterior gobierno cometió muchos errores, como ignorar en gran
medida los conflictos ambientales o centrarse únicamente en uno de los
posibles encadenamientos de la actividad minera, aquellos que se
producen “hacia adelante” (por ejemplo, los asociados al desarrollo de
baterías, una posibilidad muy lejana dadas las escasas ventajas de
localización de las empresas domésticas, con más del 95% del litio
exportado sin restricciones y una intensa competencia de productores
avanzados en la carrera, como los de Corea y Japón).

Pero ahora, el riesgo parece mayor: ante la ausencia de una discusión
sobre cuál va a ser la política de desarrollo, se puede terminar
entregando el mineral, afectando negativamente a las comunidades
locales, sin obtener ningún tipo de provecho para el desarrollo del
país.

* Conicet/Cenit-Centro Steps América Latina.

minería / riquezas

-Argentina contiene generosas reservas de litio que empezaron a ser
explotadas durante el anterior gobierno, en su mayoría por empresas
extranjeras.

-En la literatura económica y de desarrollo, las actividades de
recursos naturales suelen ser consideradas una maldición para el
crecimiento y el desarrollo.

-Por la volatilidad de sus precios, el limitado crecimiento de su
demanda, el tipo de Estado que generan (rentista) y el escaso potencial
que albergan para el progreso técnico.

-También se las cuestiona en relación a los problemas y riesgos
ambientales que tienen asociadas, que en muchos casos son irreversibles y
no puedan compensarse.

 

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