Cooperativas y empresas agropecuarias de Argentina, acusan a Monsanto por abuso de posición dominante. La denuncia afirma que Monsanto los obliga a firmar un contrato que dice dónde producir, quiénes deben ser los proveedores de sus nuevas semillas, con qué acopios y exportadores operar y dónde operar (Premici, S., 2014).

Este artículo sugiere que lo que está detrás de esta denuncia se explica por un fenómeno de inmensa complejidad el cual solo puede ser abordado a partir de profundas transformaciones en las regulaciones que van mucho más allá de un fallo en contra de Monsanto por poder monopólico. El fenómeno es el de la mercantilización de las semillas. Hoy algunas plantas tienen dueño y marca, y están empezando a ser propiedad de unas pocas corporaciones (ej. la soja RR o la Intacta). Algunos fallos de la corte suprema de Estados Unidos le han dado a las plantas el estatus de invenciones, o creaciones tecnológicas derivadas exclusivamente por ciertas corporaciones y las implicancias de estos fallos, se están difundiendo/imponiendo al resto del mundo casi sin discusión. Lo que está en juego entonces, no es solo la autonomía de un grupo de agricultores acerca de qué producir, en dónde y para quién, sino de países enteros, lo cual atenta contra la capacidad de estos países de satisfacer la más básica de las necesidades de sus pobladores, la alimentación.

El artículo empieza analizando los cambios en las regulaciones en torno a la propiedad intelectual de las semillas y las plantas en el mundo, los cuales se han ido orientando en los últimos años a la completa mercantilización de las semillas, y luego, reflexiona acerca de la situación actual en la Argentina y las posibilidades y desafíos que enfrenta para tomar un sendero diferente

Los dueños de las semillas