Por Julieta Arancio

Comienza el año y salvo afortunadas excepciones, comienzan también los esfuerzos para hacer rendir los cada vez más magros presupuestos de los laboratorios universitarios. La escena es -lamentablemente- bastante familiar para muchos de nosotros en América Latina. ¿Cómo se hace ciencia cuando el presupuesto no alcanza para equipos y materiales? Y saliendo del laboratorio, ¿Cómo trabajan las comunidades sus problemas locales, si los costos de las mediciones y monitoreos resultan cada vez más prohibitivos?

Partiendo de la filosofía del software libre y llevándola hacia el ámbito del hardware, un grupo integrado por más de cien representantes del ámbito científico y educativo, organizaciones sociales, artistas y profesionales independientes de 30 países publicaron una hoja de ruta que describe los pasos a seguir para garantizar el acceso global al hardware científico en 2025. Los pilares detrás de ese objetivo son el libre acceso a los diseños de las herramientas, el desarrollo colaborativo y el uso de nuevas técnicas de fabricación digital, como la impresión 3D.

¿Qué es GOSH?

GOSH -las siglas son por ‘Global Open Source Hardware’- es un movimiento que reúne a una comunidad diversa alrededor del hardware científico abierto (HwCA). Desde su manifiesto se evidencia el carácter político de algo que -a primera vista- puede parecer neutral pero que definitivamente no lo es: GOSH se autodefine como un movimiento ético, democratizador, que empodera a las personas, horizontal y decidido a realizar cambios en la cultura científica actual.

portada GOSH roadmap

Fig. 1: La hoja de ruta de GOSH propone acceso global al hardware científico en 2025

 

La hoja de ruta describe en tres secciones cómo la comunidad puede “Aprender” sobre sí misma y las formas en las que el HwCA puede impactar socialmente; cómo “Apoyar” el HwCA creando las condiciones necesarias para su expansión y cómo “Crecer” tanto en diversidad como en escala e impacto en la sociedad.

El proceso de elaboración del documento podría ser un caso de estudio en sí mismo: auspiciada por la Fundación Alfred P. Sloan, la comunidad comenzó a trabajar en un borrador de la hoja de ruta en 2016 en CERN, Suiza y siguió haciéndolo en 2017 en la Universidad Católica de Chile y en otras instancias online. Incluir una diversidad de perspectivas fue uno de los aspectos más trabajados en la reunión en Chile, que incluyó cupo femenino, trans y 33% de asistentes latinoamericanos, entre otros.

La comunidad latinoamericana en GOSH aún es pequeña pero increíblemente activa. Uno de sus principales exponentes es TecnoX, una red latinoamericana respaldada por UNESCO que congrega cada año a desarrolladores de tecnologías abiertas que aborden problemáticas locales, y que en abril irá por su tercera edición en Valparaíso, Chile. La mayoría de los participantes de TecnoX son estudiantes del campo de la biología sintética, aunque el espectro no se encuentra sólo limitado a ese campo. Uno de los equipos interdisciplinarios que se presentaron a la primer TecnoX en 2016 en Buenos Aires diseñó un kit portátil de bajo costo para detectar rápidamente casos de dengue en muestras de sangre.

¿Por qué hardware abierto?

Para hacer ciencia se necesitan herramientas: ya sean simples como una pipeta o complejas como un espectrofotómetro, el tipo de equipos que se usan, quienes y cómo los diseñaron determinan en gran medida los resultados. Aunque es ampliamente reconocido que contar con datos de buena calidad, reproducibles, constituye la base de todo trabajo de investigación sólido, hoy por hoy son muy pocas las personas que entienden cómo se generan los datos con los que trabajan. La mayoría de las tecnologías son una ‘caja negra’ donde los usuarios ingresan información y materiales y obtienen un resultado sin saber los mecanismos que operan detrás. Las herramientas libres buscan abrir esa ‘caja negra’, dando así la posibilidad de desarrollar la creatividad y la colaboración a los usuarios/as.

Volver accesibles los diseños de las herramientas científicas no sólo permite entender mejor qué se mide y cómo, sino que también habilita a modificar los equipos y adaptarlos a realidades distintas, sin depender de patentes que vuelven al proceso costoso -tanto en términos económicos como legales-. En este sentido, iniciativas como Open-LabWare intentan democratizar la generación de conocimiento científico realizando talleres donde enseñan a estudiantes de doctorado de distintos países de África a construir equipamiento de laboratorio desde cero.

A escala local, el Monitor Abierto de Calidad de Aire es un ejemplo de cómo los desarrollos basados en hardware abierto pueden disminuir los costos de investigación, tanto dentro del laboratorio como fuera de él. El proyecto tiene como objetivo diseñar un dispositivo que permita medir la concentración de gases y material particulado en la ciudad de Mendoza, Argentina. El prototipo del monitor tiene un costo varias veces menor a las alternativas importadas, habiendo ganado distintos premios a nivel provincial y nacional. La disponibilidad de información sobre su construcción y el bajo costo fomentan que los datos empiecen a generarse también por fuera de la academia. Fernando Castro, uno de los responsables del proyecto, afirma que “es interesante empezar a desarrollar una infraestructura que permita que el conocimiento sobre el medioambiente también pueda ser producido por no expertos. Pensar en laboratorios ciudadanos, en promover el desarrollo de hardware abierto, porque de lo contrario todo queda relegado a lo que pueda resolver un laboratorio”.

MACA segundo prototipo

Fig. 2: Segundo prototipo del Monitor Abierto de Calidad de Aire (MACA) desarrollado en Mendoza, Argentina

 

Por otro lado, trabajar con hardware libre genera un cambio en las relaciones entre las personas y la tecnología. Los procesos de desarrollo de dispositivos abiertos se basan en conocimientos de experiencias previas y trabajan con la metodología de prototipado y la iteración (o ‘prueba y error’) para su construcción. Dado su bajo costo y la mayor posibilidad de experimentar, los casos de iniciativas educativas con hardware libre se multiplican a nivel global, y algunos autores comienzan a recomendar su incorporación a la enseñanza de disciplinas científicas durante la edad escolar(1). Tech Academy es un proyecto que enseña contenidos científicos y de IT a más de 200 chicos de comunidades con y sin acceso a la tecnología en Bangladesh, utilizando hardware libre. Más de 20 proyectos de innovación social surgieron a partir de esta iniciativa, que ya fueron implementados en sus comunidades de origen. Shams Jaber, uno de sus fundadores, asegura que ‘más que crecer en número, nuestro foco está en el impacto a largo plazo en la vida de cada uno de los chicos que participan, y en el impacto sobre tantos otros a través de ellos’.

comunidad del proyecto vuela

Fig. 3: Parte de la comunidad de Melipilla, Chile, fabricando ‘flones’ o drones de código abierto como parte del proyecto Vuela

 

Uno de las grandes oportunidades que brinda la apertura de diseños es poder apropiarse de las herramientas, haciendo que más personas puedan desarrollar soluciones a los problemas que experimentan localmente. La mayoría de los problemas que las comunidades enfrentan en América Latina no son abordados por los Estados -muchas veces con recursos y capacidades insuficientes- ni por el mercado -que no ve beneficio económico en involucrarse-. Las personas que integran iniciativas colaborativas como GOSH tienen otras motivaciones para desarrollar herramientas: justicia social, acceso al conocimiento, aprendizaje, acceso a mejores condiciones de vida.

Uno de los casos más interesantes a nivel local se encuentra al pie del cerro El Sombrero, en Melipilla (Chile), donde se han realizado alrededor de 16 talleres de hardware abierto en el último año, y en los que han participado alrededor de 150 personas, muchos de ellos inmigrantes Haitianos. El objetivo es intentar encontrar soluciones a problemas definidos localmente, a traves de la experimentación con tecnologías libres. Siete de estos talleres han sido parte de  Vuela, proyecto de fabricación de ‘Flones’, drones de código abierto, para capturar videos o imágenes aéreas y datos para eventualmente utilizarlos en investigación en agricultura, respuestas ante desastres, problemas ambientales u otros. Los iniciadores, Paz Bernaldo y Gustavo Pereyra Irujo (INTA/CONICET – Argentina) remarcan que ‘creemos en el empoderamiento que las tecnologías libres pueden crear en grupos marginados […] el hardware de código abierto, tanto como el software, es fundamental para avanzar en la democratización de la ciencia y tecnología’. Sin embargo, el elemento principal es sin dudas la participación de una comunidad diversa: en Vuela han participado académicos, científicos ciudadanos, aficionados y la comunidad local. Son parte de la ‘Tripulación’ de vuelo Nico Narvaez y Antoni Pérez (ambos de Vilu Biohacking – Chile y parte del equipo organizador de TecnoX 2018), Loulou Jude y John Arancibia, y también Juan, Daniela, Carlos, Alonso, Emilia y otros fabricadores de la comunidad. La idea surgió en marzo de 2017 y continuará durante 2018  con talleres para fabricar, modificar y también abordar problemas específicos con el flone como herramienta, con planes de llevar esta experiencia a otros países de la región.

Una oportunidad para América Latina

¿Podemos imaginarnos cómo sería incorporar herramientas abiertas a nuestro día a día? Quizás tengo dudas sobre la calidad del agua que consumo en mi casa y puedo investigar cómo construir un test fácil y barato para evaluarla. Quizás no soy de esas personas que se entusiasman con construir herramientas, pero puedo conseguir alguna comunidad cercana donde otras personas sí lo hagan y comercialicen los productos a un costo mucho más accesible -se cree erróneamente que abierto implica ‘no comercializable’-. Quizás la escuela pública a la que asiste tu hijo pueda inaugurar un taller de robótica libre, gracias a los costos bajos de los componentes abiertos y la disponibilidad de información y soporte de la comunidad, antes impensado. Quizás tu hijo se entusiasme lo suficiente, se junte con amigos y construyan entre todos ese filtro de agua que necesitás en tu casa y que hoy por hoy no podés pagar.

Todo eso ya es posible hoy. Los ejemplos de más arriba dan cuenta de un fenómeno que ya está ocurriendo localmente, más allá de que aún tenga poca difusión. Si la potencia de las iniciativas abiertas radica en la comunidad que se genera a su alrededor, su riqueza está en la diversidad de miradas y las prácticas colaborativas que concretan esa pluralidad en acción. La hoja de ruta planteada por GOSH nos brinda un panorama sobre lo que deberíamos hacer para aprender, apoyar y hacer que el HwCA crezca, tomando la oportunidad y volviéndola real.

 

Notas al pie

1. Blikstein, P. (2013). Digital fabrication and ‘making’in education: The democratization of invention. En FabLabs: Of machines, makers and inventors, 4.