La importancia de la diversificación productiva para el crecimiento de los países ya casi no se discute. La historia muestra que el crecimiento y la expansión en el número de productos producidos y exportados van de la mano. La pregunta más importante, sin embargo, permanece elusiva. ¿Cómo incentivar un proceso de diversificación productiva en América latina? ¿Qué tipo de actividades incentivar y con qué tipo de incentivos?

La respuesta parece no ser sencilla, pues las experiencias y condiciones del pasado difícilmente se repitan. El éxito de los cuatro Tigres Asiáticos ha demostrado que la diversificación y el desarrollo son alcanzables, pero la ventana de oportunidad utilizada por aquellos ya no está disponible para los nuevos entrantes. Además, América latina tiene dotaciones de factores y una historia de inserción en el comercio mundial muy diferentes a las de los países asiáticos.

Una idea nueva está ganando al momento: los recursos naturales pueden ser utilizados como plataforma para el desarrollo de nuevas actividades productivas y tecnológicas basadas en conocimiento. Estos no sólo están utilizando crecientemente nuevo conocimiento y tecnologías sino también desarrollándolos. Además, las diversas condiciones agroecológicas generan demandas de actividades de innovación a nivel local que pueden incentivar el desarrollo del entramado productivo doméstico.

El sector agrícola en la Argentina y Brasil es un buen ejemplo, pues su dinamismo en los últimos años ha traccionado a otros como el de maquinaria agrícola, servicios informáticos y semillas. En este proceso han emergido algunas empresas domésticas de cierta envergadura. Sin embargo, si no se establecen políticas de apoyo a estas empresas y al tipo de capacidades que están desarrollando, no está claro que puedan continuar su expansión y ser base de un proceso de diversificación sostenible. En esto, el caso de las semillas es paradigmático.

Junto con la expansión masiva en la agricultura, la tasa de innovación en semillas se ha expandido significativamente en la región. Las semillas se han transformado en un bien intensivo en conocimiento. Pese a la importancia de unas pocas empresas multinacionales que desarrollan eventos transgénicos, algunas empresas e instituciones domésticas están jugando un papel central. Sus soluciones tecnológicas son altamente demandadas a nivel local y explican gran parte de las mejoras en producción y productividad. En la Argentina y Brasil, para los principales cultivos industriales, tres de las primeras siete empresas más importantes son de origen argentino. Don Mario, por ejemplo, es líder en soja en los mercados más importantes de la región: 50 por ciento en la Argentina y cerca del 40 en el sur de Brasil.

Esto les ha permitido permanecer y negociar con las grandes multinacionales las condiciones de reparto de la renta y acceso a tecnologías. Sin embargo, las condiciones institucionales actuales amenazan su supervivencia. Los regímenes de propiedad intelectual, por ejemplo, crean una situación de desequilibrio, ya que favorecen a las empresas multinacionales frente a las domésticas. Dentro de éstos, los propietarios de variedades vegetales (típicamente firmas domésticas) no pueden acceder a los genes protegidos por patentes sin licencia, mientras que los propietarios de genes (típicamente multinacionales) pueden legalmente acceder a las variedades vegetales sin la autorización de los obtentores y sin compensación.

Estas asimetrías hacen que Monsanto, propietario de los genes, pueda captar el 66 por ciento del valor de las semillas de soja, mientras que el otro 33 se reparte entre los desarrolladores del germoplasma (por ejemplo, Don Mario) y las empresas que multiplican las semillas. Esta situación ha llevado a muchas empresas a desaparecer o ser absorbidas.

Una visión negativa de los recursos ha militado en contra de políticas para incentivar la acumulación de capacidades en sectores de recursos naturales. Aún hay importantes desafíos que pueden y deben ser abordados por políticas públicas para que las empresas domésticas puedan ocupar un lugar importante en las cadenas de valor globales de innovación en semillas. De lo contrario, hay riesgo de perder una interesante oportunidad.

Autores: Anabel Marín, Lilia Stubrin y Antonella Perini


Diario Página/12

19 de enero de 2015

Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-264269-2015-01-19.html