La economía suele estar considerada como un campo de la racionalidad instrumental en el que predomina el individualismo. Sin embargo, hay muchas formas de organización y actividades económicas que funcionan con una lógica de solidaridad, entendida como la presencia de vínculos de reciprocidad o cooperación entre las cuales se encuentran las empresas recuperadas.

“Las economías solidarias tienen un carácter híbrido debido a que operan en el mercado capitalista en el cual están insertas”, afirmó Jose Itzigsohn, profesor de Sociología en la Universidad de Brown, en Estados Unidos, y destacó que las principales experiencias de economías solidarias se encuentran en el funcionamiento de las empresas o fábricas recuperadas.

“A partir de una necesidad de subsistencia, estas entidades se ven obligadas a crear un nuevo sistema de operación, basado en la ayuda y la cooperación”, explicó este sociologo argentino doctorado en la Universidad de John Hopskins, también en Los Estados Unidos, durante un seminario de capacitación interno que ofreció al equipo de Cenit/Steps América Latina.

Durante el encuentro, Itzigsohn invitó a reflexionar sobre la posibilidad de que este tipo de sistemas más solidarios y cooperativos representen una alternativa formal para la economía, y si podrían ser aplicados de manera general o sólo a nivel local.

“Una consideración en la construcción de un camino viable para las economías solidarias es el rol del Estado para con las mismas; es necesario que existan entidades aglutinadoras que promuevan la actividad de este tipo de economías”, subrayó el especialista y ejemplificó: “el Estado podría cumplir esa función fomentando su crecimiento a través de créditos o capacitaciones”.

Además, aclaró que no es suficiente solo con pensar en los agentes externos de intervención; también es importante considerar la propia lógica de funcionamiento de estos modelos para volverlos sustentables.

Del mismo modo, es necesario distinguir entre la posibilidad de construir dos tipos de economías, una planificada y otra solidaria, que si bien no son necesariamente contrapuestas, la planificación de una puede impedir la libre conformación de redes horizontales de organización en la toma de decisiones de la otra.

“El modelo cooperativo es uno de los principales ejes de la solidaridad interna en las empresas, sumado a la búsqueda de la equidad en las remuneraciones y a la decisión de incluir o no el trabajo asalariado”, agrega Itzigsohn y explica que estos factores permiten ver las tensiones internas en este tipo de organizaciones, a las que hay que sumarles las propias de la solidaridad externa, reflejada por ejemplo en el vínculo con otras fábricas.

Como el software libre
¿Es posible relacionar estas experiencias con la del software libre? Al respecto, Itzigsohn considera que posiblemente resulte más sencillo pensarlo a partir de las diferencias entre ambos modelos.

En el caso del software libre, éste se ha logrado implementar principalmente en el desarrollo tecnológico y la producción de conocimiento científico, que no escapan a la lógica del mercado: “son experiencias que están más jerarquizadas y no tienen un lugar de resistencia, ni buscan ubicarse como alternativos, pero en ellas subyacen las ideas primas de una economía solidaria”, destaca el especialista.

Todos estos conceptos son de especial interes para los equipos de investigación de Cenit/Centro Steps América Latina, desde donde buscamos aportar nuevos conocimientos sobre la producción colaborativa de datos y el desarrollo de algún sistema de código abierto para las semillas.