Los sistemas de patentes fueron creados y se difundieron bajo la idea de que se necesitan derechos exclusivos para generar incentivos para la innovación, ya que (según esta visión), crear algo nuevo requiere mucho esfuerzo y copiarlo, muy poco. Así, para fomentar la actividad innovadora, se exigen tres condiciones a la hora de patentar una tecnología: novedad, actividad inventiva (no se pueden patentar meros descubrimientos) y aplicación industrial.

Sin embargo, el sistema de patentes tal cual lo conocemos hoy ha perdido valor social porque no cumple con la función de fomentar la innovación para la que fue creado. Esto se relaciona con una creciente rigidez del sistema. Cada nueva modificación siempre estuvo orientada a favorecer los intereses de los dueños de patentes. Esto ha conducido a una mayor concentración, una peor capacidad de respuesta para solucionar problemas de forma eficiente y efectiva, y en líneas generales, a limitar la capacidad creativa de las personas y organizaciones que deben preocuparse por evitar infringir derechos de propiedad intelectual, que solo en ocasiones llegan a generar valor social o económico.

¿Cómo hemoalambre-de-puas-1700491s llegado a esta situación, qué perspectiva a futuro existen y qué pueden hacer los países en desarrollo frente al avance e las patentes?

Encontrá todas las respuestas en este artículo que escribió Valeria Arza en el blog de Alquimias Económicas.