Los drones son una tecnología muchas veces considerada “oscura”, en gran parte porque en su versión militar y de agresión aparecen distribuidos de manera desigual en la geografía. Sin embargo, también pueden ser utilizados como dispositivos útiles para las comunidades, es decir, como tecnología social que comprende un uso ético vinculado a la defensa de los bienes comunes y los IMG_4136derechos humanos.

Sobre estos temas se refirió el arquitecto español Pablo de Soto, coordinador del proyecto Mapping the Commons (reconocido con el I Premio Elinor Ostrom a la investigación social vinculada a Bienes Comunes, en 2013, por su trabajo Mapeando el bien común urbano: un método paramétrico y audiovisual), en el #‎DroneHackademy que se desarrolló el 4 de agosto, en Espacio Nixso, en Buenos Aires, con el auspicio de Fundación CENIT.

El denominado #‎DroneHackademy‬ es un prototipo de escuela hacktivista, es decir, un laboratorio de ciencia ciudadana y de producción de teoría crítica que se dedica al uso de vehículos aéreos no tripulados (UAVs) como tecnología social, que reivindica el espacio aéreo como espacio público y al aire como bien común y que trata de consolidar grupos de personas y comunidades que utilicen el espacio aéreo para diferentes fines sociales, utilizando drones.

Además, este tipo de iniciativas permiten mostrar las posibilidades de un uso responsable de estas tecnologías, animan a la sociedad a empoderarse y proponen un uso liberador de las mismas, que respeta la privacidad de los individuos (frente a su uso como herramienta de control social). Así, los drones se presentan como un dispositivo tecnopolítico “extitucional”: es decir, que opera dentro y fuera de las instituciones, desbordando los muros de la academia para constituirse en una infraestructura abierta, en conexión con los movimientos sociales.‬

Por todo esto, #DroneHackademy no solo es un proyecto de ciencia abierta, sino también de conocimientos y tecnologías aplicadas, que desde su propuesta educativa combina contenidos teóricos y prácticos, y se propone proveer de esta tecnología a comunidades y grupos sociales que estén en lugares o situaciones que justifiquen su utilización, como apoyo a agricultores orgánicos locales, generación de mapas en territorios con disputas sobre la cartografía oficial y documentación de contaminación ambiental, entre otros.

Así, comunidades y colectivos que enfrentan fuerzas con recursos muy superiores pueden empoderarse a  partir de la apropiación de herramientas tecnológicas novedosas como los drones. En tales casos, #Dronehackademy aporta la capacidad de acción y filmación en el espacio aéreo. Del mismo modo, la generación de mapas ciudadanos a través de imágenes aéreas es una potente herramienta capaz de producir representaciones geográficas de actualidad y alta resolución, de territorios remotos.

 

Primera experiencia: el legado

palestraLa primera edición de #DroneHackademy fue en Río de Janeiro, Brasil, en junio 2015, y los participantes fueron elegidos a través de un llamado público, con el objetivo de hacer converger propositivamente a personas de orígenes y destrezas diferentes. Por eso, se privilegiaron representantes de áreas periféricas y  menores recursos o de acceso limitado  a esta tecnología disruptiva. En total, fueron diez estudiantes, activistas y miembros de colectivos y asociaciones de la región metropolitana y otras ciudades del país vecino. La metrópolis brasileña es un escenario urbano central y desafiante para pensar la visualidad hegemónica y la “contravisualidad” aérea contemporáneas. Estas categorías de análisis, según figura en la web de #DroneHackademy, fueron propuestas por el especialista Nicholas Mirzoeff, para quien el “derecho a mirar” se manifiesta como la “contravisualidad” popular frente a la autoridad de la visualidad hegemónica y emerge para reivindicar autonomía.

Cuando se realizó el  #DroneHackademy en Río de Janeiro, la ciudad  atravesaba  las controvertidas transformaciones urbanas vinculadas a los megaeventos de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, que produjeron violencia inmobiliaria y tentativas de expulsiones de comunidades. Tal fue el caso de Villa Autódromo, una comunidad autoconstruida y autourbanizada en la Barra de Tijuca, que resistió la violencia inmobiliaria de la Prefectura de Río de Janeiro y de las tres mayores constructoras de Brasil, ubicada al lado del cantero de las obras del Parque Olímpico.

En tal oportunidad, las actividades teórico-prácticas incluyeron la construcción de drones de hardware y software libre como Flone, el aprendizaje de cómo y porqué defenderse de los vehículos aéreos no tripulados (UAV, por su sigla en inglés) y la realización de una cartografía aérea de Vila Autódromo.

Así, partir de un método propio, los bienes comunes urbanos fueron parametrizados, representados en videos documentales cortos y publicados en una cartografía online. Asimismo,  en un acto público celebrado en Vila Autodromo, la cartografía fue entregada a los vecinos.
“Los drones están cambiando la visión que tenemos del espacio público, estos robots que pueden verlo todo y moverse a cualquier lugar están provocando entusiastas y detractores a gran velocidad”, concluyó De Soto.